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jueves, 5 de agosto de 2010

La Maldita Tenencia



El impuesto a la tenencia vehicular ha generado cientos de discusiones, algunas han evolucionado en mitos y otras en férreas peleas legales; En el caso de México, se ha señalado al financiamiento de los juegos olímpicos de México 68 como la causa, algo que la mente del mexicano resulta ya imposible de borrar.

La satanización que los políticos han dado a este impuesto ha abonado a la cultura del clientelismo gubernamental, que no obstante su pésima capacidad para el cobro de impuestos, la eliminación o reducción de estos se ha vuelto bandera demagógica ante las campañas políticas.

En México este impuesto nació en el artículo 13 de la ley de ingresos de la federación de 1962, cuando Adolfo López Mateos era presidente, culpando erróneamente a su sucesor Díaz Ordaz, quien sólo contribuyó a la euforia mexicana que generaban los juegos olímpicos.

Este impuesto no fue temporal ni emergente, y la justificación de financiamiento para la organización de los juegos olímpicos, fue tan sólo un discurso político en la era del “presidencialismo”, donde sin mediar negociación, se decretaba con plumazo las decisiones económicas que derrumbarían al país por décadas.

¿Usted conoce alguien que se amparó para no pagar la tenencia? Pues debe de saber que no fue por argumentar que las olimpiadas se acabaron, sino por las circunstancias particulares de proporcionalidad y equidad que acompaña el cobro de cada impuesto.

Con López Portillo se creó la Ley del Impuesto sobre tenencia o Uso de vehículos, que sirvió para volver participables a estados y municipios en términos del Sistema Nacional de Coordinación Fiscal, es decir, le dio facultades a los estados para recaudar la tenencia, incluyendo también el beneficio de este.

Aunque porcentualmente esta recaudación no sea un ingreso fuerte a los estados, ya que la mayoría del recurso proviene de participaciones federales, si se ha vuelto una necesidad la recaudación de éste ante el dispendio que caracteriza a los gobernadores, que año tras año exigen mayor participación federal y excedentes petroleros, pero son incapaces de recaudar responsablemente sus impuestos.

Frente a esto los gobernadores han sido no sólo irresponsables, sino totalmente miopes para poder ser autosuficientes financieramente, ya que aunado a su nula voluntad de generar ingresos vía tributación, han decidido “Burzatilizar”, como es el caso de Veracruz, los pocos impuestos que recaudan para tener ingresos inmediatos; Debo no lo niego, pago no puedo.

Tal parece que la responsabilidad del cobro de impuestos nadie la asume, y ante el anuncio de Felipe Calderón de la eliminación de este impuesto, quedarían totalmente facultados los gobernadores para hacerlo sin coordinación fiscal nacional, es decir, Felipe Calderón deja de asumir el cobro de este impuesto, dando a los gobernadores la facultad de asumir este costo político, decisión que nunca asumirán por su miope discurso demagógico y clientelar.

Hoy Veracruz anuncia la eliminación de la tenencia, y aunque millones de automovilistas y no automovilistas, vacilados por el discurso de “eliminemos impuestos”, lo aplaudan como una decisión correcta del gobierno, debe de saberse que en realidad NO SE ESTA ELIMINANDO, sino SUBSIDIANDO, algo que está muy lejos de beneficiar al contribuyente, ya que el pago de derechos y contribuciones (tan sólo quedaría un impuesto en Veracruz) que actualmente se paga a gobierno del estado, estarían destinados al pago de la tenencia, y NO a infraestructura, salud, educación, etc; Pagaríamos muy caro un capricho político del gobernante en turno.

Más allá de la irresponsabilidad de los gobernadores por no ser autosuficientes financieramente, este impuesto tan manoseado políticamente ha sido estigmatizado como innecesario, cuando económica y socialmente es necesario y responsable.

Eliminar este impuesto contribuiría al culto social que se hace al automóvil, objeto que en los países más desarrollados se considera un lujo, gravándolo con impuestos el doble de altos de los que se cobra en México.

Cobrar el uso de vehículo da equidad ante el usuario que no cuenta con un automóvil y sufre las deficiencias del transporte público.

Cobrar el uso de vehículo da proporcionalidad tributaria porque cobra la manifestación de riqueza; Sólo alguien con solvencia económica puede adquirir y mantener un vehículo.

Cobrar el uso de vehículo genera ingresos tributarios necesarios para invertir en transporte público, a la vez de desincentivar el uso de vehículo que genera contaminantes.

Dejemos de rendirle culto al automóvil, la respuesta a los problemas de movilidad urbana no se resuelven abriendo más caminos para el automóvil, se resuelve invirtiendo en transporte público de calidad y eficiente.

Si te apasiona este tema, te invito a leer a Onesimo Flores (@oneflores), experto en Planeación Urbana, quien además de ser un estimado amigo de la red con quien he debatido ideas, sus artículos sobre desarrollo y movilidad urbana son los más acertados que he leído.



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